Mostrando postagens com marcador Textos - Noticias. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador Textos - Noticias. Mostrar todas as postagens

terça-feira, 22 de fevereiro de 2011

La revolución árabe y la ortografía española

En momentos en que un huracán de rebeliones está sacudiendo las dictaduras árabes, vemos que los topónimos empleados por la prensa en español contienen numerosas discrepancias, algunas de las cuales se han originado en transcripciones del inglés.

Es el caso del Reino de Baréin (tal la última grafía recomendada por la Academia Española en su Ortografía de 2010), aunque en el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), publicado hace apenas cuatro años, la Academia y sus asociadas preferían Bahréin, un calco ortográfico del inglés, con el aditamento de una tilde.

En realidad, la pronunciación de ese nombre podría sugerir para el castellano Bajréin, puesto que la h se pronuncia en inglés, retomando un fonema que también existe en lengua árabe.

Con la ortografía de Yemen parecería no haber diferencias en español, aunque el DPD sugiere el uso con artículo: el Yemen y República del Yemen. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el gentilicio: el mismo DPD recomienda yemení, vocablo de uso casi exclusivamente peninsular, y desconoce yemenita, mas empleado por la prensa hispanoamericana.

El lugar donde se iniciaron los disturbios es Túnez, un nombre que no presenta dificultades en español, aunque vale la pena recordar la característica de tratarse de un país denominado por su gentilicio (República Tunecina), tal como ocurre con Francia y Argentina, entre muchos otros países.

Aunque por el momento no hay revueltas en la República Árabe Saharaui Democrática, es preciso recordar que la h se puede pronunciar aspirada, como en árabe, o mantenerse muda, como es normal en español. Además, la región del desierto del norte del África puede llamarse tanto Sahara como Sáhara. En el último caso, la h debe ser aspirada, por tratarse de un calco de la pronunciación árabe.

La capital de Egipto, donde acaba de caer el dictador Hosni Mubárak, se sigue llamando El Cairo, pero es preciso no olvidar que es obligatorio el artículo masculino con mayúscula inicial, puesto que forma parte del nombre de la ciudad.

Recordemos también que Qatar, el país donde se lanzó en 2001 la Ronda de Doha, desde la nueva Ortografía ha cambiado de nombre: ahora se llama Catar, y sus habitantes son en español cataríes, aunque ellos probablemente no lo sepan.
Ricardo Soca

quinta-feira, 20 de janeiro de 2011

La diversidad lingüística en España. Texto de Javier Cubero

Cuando se pronuncia el nombre de un determinado país se suelen asociar a éste ciertos estereotipos fosilizados, por su uso y por su abuso, en el saber popular. La simplificación que conlleva el tópico conduce a una imagen uniforme y deformada de las complejas y variadas realidades que puede ofrecer cualquier Estado que atesore una larga Historia. De este modo, podría parecer que en España todas las personas gozan de la siesta, beben vino o sangría, comen paella, gustan de los espectáculos taurinos y hablan español. No se puede afirmar que la anterior sentencia sea totalmente falsa, tampoco que sea cierta, sino que no se ajusta a la realidad, y la realidad en España es un concepto plural que requiere muchos más matices que los que en este artículo se pueden ofrecer. En las líneas que aquí empiezan no se hablará de gastronomías o de costumbres, pero sí de esa parte esencial de la cultura que suponen los idiomas y de cómo las lenguas están fuertemente ligadas a la identidad de los colectivos humanos, identidades que, por otra parte, son difícilmente comparables.
Los españoles hablan español, pero no sólo español; una gran parte de la población es bilingüe y, en algunas ocasiones, trilingüe. El castellano, en un avance histórico continuo alcanzó todos los rincones de la geografía española, cruzó los mares y se alojó en lugares muy lejanos de la Península Ibérica, especialmente en América, donde crece con vigor enriqueciendo el importante acervo de los hispanohablantes. Esta lengua castellana o española, los dos nombres responden hoy en día al mismo idioma, se realiza gracias a una gran riqueza de dialectos y variedades, de algunas de estas formas de hablar tratará este texto, pero se ocupará especialmente de las otras lenguas que conviven en las tierras españolas.
La palabra "dialecto" motiva, con frecuencia, actitudes defensivas y puede herir algunas sensibilidades, extraña reacción en tanto que todos hablamos algún dialecto, puesto que la lengua es siempre una entidad abstracta que engloba los distintos modos en que ésta se produce. No se pretende aquí avivar esta polémica y se utilizará la palabra "lengua" en su sentido más amplio, al entender que cuando se habla de un idioma estándar se hace referencia a un objeto sólo existente en los manuales y diccionarios, pero no en la vida cotidiana, en la que nos comunicamos con nuestras propias variedades de algún idioma distinguible de otros.
En la actualidad son cuatro, cuando menos, las lenguas más habladas en España: tres tienen su origen en el latín, español, catalán y gallego; la cuarta es más antigua y su origen no ha podido ser determinado, se trata de la lengua vasca o eusquera (euskera en vascuence). A éstas cabe añadir el aranés, dialecto del gascón hablado en el Valle de Arán, que también recibe un tratamiento de lengua cooficial en su territorio. Por otra parte, el aragonés y el leonés son dos grupos de hablas que, procedentes del latín, no llegaron a adquirir el reconocimiento de lenguas y hoy son considerados dialectos del español. Un mapa acompaña este texto con el objetivo de situar aproximadamente en la geografía peninsular las lenguas que se hablan en España y también los principales dialectos del español en el territorio nacional (las Islas Canarias no aparecen en el mapa aunque sí se hace mención del importante dialecto canario). Sin embargo, el mapa tendría poca utilidad si no se ofrecieran unos mínimos apuntes históricos de la evolución de las citadas lenguas.
Con anterioridad a la llegada de los romanos ya se hablaba en el Norte de la Península Ibérica el vascuence, único idioma que resistió la intensa romanización del territorio peninsular; el Sur estaba ocupado por los turdetanos; los íberos habitaban el Este y, hacia el siglo VII a J. C., los celtas se asentaron en la zona de la actual Galicia, las regiones altas del Centro y amplias zonas del Sur. Es fácil pensar que hubo otros pueblos, todos ellos con sus propias lenguas. Con la ocupación romana se inició un proceso de unificación idiomática que implantó el latín en casi todo el territorio. El latín hablado por los habitantes de la Península era el llamado latín vulgar, con influencias de las lenguas anteriores. Hacia el siglo V se produce la invasión de los germanos que adoptarían el latín y ejercerían una nueva influencia en el idioma de los romanos. Con posterioridad, la ocupación de los árabes obligaría a los cristianos a retroceder hacia el norte de la Península y asentarse en los territorios más resguardados y con un acceso más difícil, en estas zonas del Norte y debido a la incomunicación entre ellas la lengua iría evolucionando de forma distinta en los distintos núcleos de resistencia y daría lugar a las diferentes lenguas españolas derivadas del latín, de Este a Oeste: catalán, aragonés, castellano, leonés y gallego. El avance de los cristianos hacia el Sur extendió las citadas lenguas que continuaron su evolución con evidentes influencias de la lengua árabe. A partir del siglo X empezarán a escribirse textos en las distintas lenguas que se convertirán en la prueba evidente de su independencia respecto del latín y entre ellas.
La situación actual de las lenguas habladas en España es muy desigual, el español es hablado en todo el territorio nacional y, además, desde la Transición a la Democracia, en el último cuarto del siglo XX, se ha producido un proceso de reconocimiento y recuperación de las distintas identidades culturales y lingüísticas que, con evidentes dificultades, han resistido la presión de la que fue durante mucho tiempo única lengua oficialmente reconocida. El mapa intenta reflejar la ubicación geográfica de los principales dialectos del español en la Península y también de las lenguas distintas del español y, por tanto, las más desconocidas. Las siguientes líneas intentan esbozar algunas circunstancias de cada uno de estos idiomas.
El catalán
Se considera que el catalán hablado aparece entre los siglos VIII y IX. Los primeros textos escritos en catalán que están documentados datan del siglo XII, son el "Liber iudiciorum", traducción al catalán de un código de leyes visigodas, y las "Homilies d’Organyà", primer texto escrito directamente en catalán, en el que se comentan algunos pasajes de los Evangelios. El idioma catalán fue la lengua de la Corona catalano-aragonesa, potencia mediterránea en constante expansión durante la Edad Media. Entre los siglos XIII y XV fue llevada a las Islas Baleares y a Valencia, Cerdeña, Sicilia, Nápoles y Grecia. La producción literaria culta en catalán sufrió una decadencia desde el siglo XVI hasta el XVIII aunque nunca se dejó de hablar. A partir del siglo XIX se inicia una nueva etapa de esplendor literario y normalización que dará paso a la fijación de las normas de esta lengua durante el siglo XX.
En la actualidad, la lengua catalana se habla en cuatro estados europeos: España, en las comunidades autónomas de Cataluña, Islas Baleares, Comunidad Valenciana, Aragón y Murcia (la llamada "Franja" de Aragón, constituida por las zonas próximas a Cataluña de las tres provincias aragonesas, y en el Carxe, territorio próximo a la Comunidad Valenciana); Andorra, donde es la única lengua oficial; Francia, en cinco comarcas integradas en el Departamento de los Pirineos Orientales; Italia, en l'Alguer o Alghero, ciudad de Italia, en la isla de Cerdeña, provincia de Sassari.
Se estima que la lengua catalana es entendida por nueve millones de personas y hablada por más de siete millones de personas, lo que la convierte en la séptima lengua europea en cuanto al número de hablantes.
En 1861, Manuel Milà i Fontanals, estableció la división dialectal del catalán en dos grandes zonas, occidental y oriental, basándose en criterios fonéticos principalmente. El catalán oriental agrupa cuatro dialectos: rosellonés, central, balear, alguerés y sus correspondientes subdialectos. El catalán occidental se subdivide en catalán "norte-occidental" y valenciano.
En la Comunidad Valenciana, por razones políticas, el catalán se denomina valenciano o lengua valenciana de forma oficial.
El gallego
La lengua gallega se formó en la zona comprendida entre el norte y el sur del Río Miño. En el siglo XII la zona del norte fue otorgada a doña Urraca por su padre, Alfonso VI de Castilla y León, quien asignó la zona del sur, desde el Miño hasta el Tajo, a su otra hija, doña Teresa. La extrema rivalidad entre ambas ocasionó la posterior independencia de Portugal y la frontera entre los dos reinos favoreció la progresiva escisión del gallego-portugués en dos lenguas distintas a partir del siglo XV. Durante el siglo XIII, el gallego-portugués, fue la lengua de la poesía junto con el provenzal. Por esta razón, Alfonso X, que propició un impulso definitivo de la lengua castellana, escribió sus composiciones poéticas en gallego-portugués por ser este idioma el de mayor prestigio para la composición en verso. Tras esta época de esplendor sufrió siglos de decadencia, aunque no se dejó de hablar, y resurgió en el siglo XIX con los escritores románticos.
El gallego es hablado por más de dos millones de personas y su proceso de normalización ha provocado una controversia entre quienes defienden la situación actual de la lengua y quienes desearían una mayor aproximación al portugués. Esta última lengua tiene presencia en territorio español en algunas zonas fronterizas de Castilla y Extremadura.
El vascuence o euskera
La lengua más antigua entre las que se hablan en España cuenta con casi un millón de hablantes. Su territorio ocupa la mayor parte del País Vasco y la mitad norte de Navarra y se extiende hasta Francia, en el Departamento de los Bajos Pirineos, donde alcanza los cien mil hablantes.
Su situación es muy diferente a la de las otras lenguas citadas:
En primer lugar, su origen es incierto, algunas teorías proponen un parentesco con las lenguas caucásicas que se hablan entre Rusia y Turquía, otras estudian su relación con algunas lenguas africanas, ninguna de las dos teorías puede basarse en pruebas aceptables y el origen de este idioma sigue constituyendo un enigma. Sí se sabe que no es una lengua indoeuropea y que se hablaba antes de la romanización de la Península en una amplia zona del Norte, entre Cantabria y el Valle de Arán como mínimo ("Arán" es un topónimo de origen vasco, "aran" significa valle).
En segundo lugar, el euskera no tiene la tradición literaria secular de las lenguas romances, los vascos utilizaron el castellano como lengua de cultura durante mucho tiempo y el euskera estuvo durante siglos encerrado en un ambiente familiar y rural.
La recuperación de la lengua, iniciada durante el siglo XIX, impulsó una literatura que va tomando fuerza y que cuenta ya con prestigiosos autores.
Siete son las variedades del euskera, a partir de ellas se ha unificado el llamado euskera "batua" que actualmente se enseña en las escuelas del País Vasco.
El aranés
El Valle de Arán es una zona situada en la parte central de los Pirineos, en la provincia catalana de Lérida. La población censada se halla en torno a los 7.000 habitantes. La situación del valle, orientada hacia Francia, y su difícil acceso durante siglos desde Cataluña y Aragón favorecieron la conservación de la lengua aranesa, que en realidad es un dialecto del gascón.
La lengua de Oc pertenece al grupo de lenguas románicas o neolatinas y está constituido por cinco grupos dialectales: el provenzal, el lemosín, el languedocino, el auvernés y el gascón. De los cinco grupos, el más alejado del catalán es el gascón. El gascón es un conjunto de dialectos, desaparecidos algunos, hablados en la Gascuña francesa. El aranés es uno de esos dialectos, pero su aislamiento y el hecho de que no se haya perdido le confieren un tratamiento legal de lengua, así es reconocido como idioma oficial del Valle de Arán por el Estatuto de Autonomía de Cataluña, que también reconoce la autonomía y las instituciones propias del Valle (Conselh Generau d'Aran).
El aranés es la lengua de enseñanza en todos los centros de educación infantil y primaria del Valle de Aran. La población autóctona del Valle de Arán habla, por tanto, tres lenguas.
Respecto al español cabe recordar que es la lengua oficial de toda España y cooficial en aquellas comunidades donde se hablan los otros idiomas peninsulares que han sido reconocidos en sus correspondientes estatutos de autonomía. Tiene varios dialectos en el territorio español, entre ellos: el aragonés (recluido en los valles próximos a los Pirineos), el leonés, el bable o asturiano (en realidad se trata de un conjunto de dialectos muy próximos entre sí, llamados bables, hablados en Asturias); y dialectos meridionales como el andaluz (conjunto de hablas que tienen rasgos comunes), el canario, el extremeño (dialecto con base castellana e influjo leonés) y el murciano (dialecto con base castellana, pero con muchos rasgos de aragonés y de valenciano). Por otra parte, la línea divisoria entre las zonas norte de Aragón y Cataluña presenta una zona de hablas catalanas y aragonesas de transición, entre las que se puede destacar el benasqués.
Para concluir esta exposición debe mencionarse el caló, variante del romaní, hablado por las personas de etnia gitana y los dialectos árabes hablados en los territorios africanos de Ceuta, Melilla y en aquellas zonas que están acogiendo un gran número de inmigrantes norteafricanos durante los últimos años.
Aclaración final y referencias bibliográficas
El presente artículo constituye un modesto resumen realizado a partir de excelentes estudios publicados por prestigiosos lingüistas; aunque estos no hayan sido citados expresamente, sí se recogen las obras consultadas en la bibliografía. Las principales fuentes de información se detallan en este enlace y, en ellas, se contienen referencias mucho más amplias que, sin duda, ayudarán a quienes estén interesados en aumentar sus conocimientos más allá de esta mínima introducción.

domingo, 16 de janeiro de 2011

Cómo poner el Google al servicio de la investigación lingüística - Ricardo Soca

Los mecanismos de búsqueda de la Internet desempeñaron y papel de fundamental importancia en la transformación de la red mundial en el gigantesco y revolucionario venero de datos y conocimientos que tenemos a nuestra disposición en este comienzo de siglo. Sin ellos, la web no existiría o sería un vasto depósito de datos perdidos, entre los cuales difícilmente podríamos movernos.

Hacia 1995, eran Lycos, Yahoo, Webcrawler y tal vez algún otro, después aparecieron el Excite y el Hotbot, mientras que en la Internet en español se multiplicaban las herramientas de este tipo, principalmente en España. Sin embargo, el avance tecnológico y el poderío económico de los Estados Unidos tornaron sus buscadores más poderosos, hasta que la aparición del Altavista los hizo imprescindible.

Pero el verdadero milagro ocurrió con la creación del Google, un verdadero Gran Hermano digital cuyos ojos abarcan la Internet entera, con tecnología de búsqueda más nueva, servicios en varias lenguas -incluso español, claro- y la aparición de una variedad inimaginable de funciones, con cálculos matemáticos, conversión de medidas y traducción a varios idiomas.

El único requisito para extraer el máximo provecho de esa maravilla tecnológica es conocer algunas reglas simples que permiten afinar las búsquedas y hacerlas más eficientes.

Para los usuarios del Internet Explorer, el primer paso debe ser la instalación de la barra Google, que permite hacer las búsquedas directamente desde el navegador sin necesidad de abrir la página inicial del buscador.

Para movernos entre el enorme número de datos que el Google pone a nuestra disposición, la regla de oro es afinar la búsqueda para el número de casos encontrados sea menor y, al mismo tiempo, esté más cerca de lo que buscamos.

Si hacemos una búsqueda por "siglo de oro", por ejemplo, el Google nos da 36.600 enlaces. ¿Es demasiado material para que podamos buscar con precisión? Supongamos que sólo nos interesan las páginas en que se mencione a Fray Luis de León. Ponemos entonces:
"siglo de oro" +"Fray Luis de León"


Los 36.600 enlaces cayeron ahora a sólo 1.430. Si todavía resultan muchos, debemos afinar un poco más nuestra búsqueda con nuevos datos. Supongamos que nos interesan las páginas sobre el siglo de oro en las que aparezca Fray Luis de León, pero en las que no se hable de la ciudad de Salamanca. Enviaremos entonces al Google el siguiente comando:

"siglo de oro" +"Fray Luis de León" -Salamanca


sin olvidar que los signos + y - deben llevar un espacio antes pero ninguno después. Los hallazgos cayeron ahora a sólo 74, una cantidad razonable para comenzar a buscar. Ahora tenemos una selección hallada entre cientos de millones de páginas que reúne lo que más se aproxima a lo que estamos buscando.

Es preciso recordar que las comillas son esenciales en este tipo de búsqueda. En efecto, si ordenamos buscar

siglo de oro


sin comillas, el mecanismo buscará todas las páginas que contienen la palabra siglo, más las que contienen la palabra de, más las que contienen la palabra oro, con lo que la búsqueda sería inútil.

Si queremos saber en qué países se usa el voseo, podemos orientarnos con una búsqueda como ésta:

"vos sabés" +"vos tenés"


La mayoría de los resultados son de Argentina, con algunas páginas de España (con textos argentinos) y de Uruguay, pero examinando un poco más detenidamente los casi 900 casos aparecidos, seguramente aparecerán otros países.

A todos nos pasa alguna vez que nos suena vagamente una frase o un verso de una poesía, pero no recordamos de cuál se trata ni quién es su autor. Supongamos que nos ocurre eso con el trecho e iban frases vagas y tenues suspiros. Preguntémosle a Google

"e iban frases vagas y tenues suspiros"


y el buscador nos informará que se trata de Era un aire suave, del libro de Rubén Darío Prosas profanas.

El buscador también nos permite saber cuántos enlaces hacia una determinada página descubrió e indizó en su recorrido por la Internet:

site:www.elcastellano.org o bien
site:cervantes.es


Hace un par de semanas, me esforzaba inútilmente por recordar el título de una película que había visto hace algunos años, con Clint Eastwood y Meryl Streep. Sólo lograba recordar que el título hablaba de puentes... los puentes de algo...

Fui a la barra de Google de mi navegador y tecleé apenas:

bridges +Eastwood


El resultado, The bridges of Madison County, demoró menos de un segundo después de pulsar la tecla ENTER

Ortografía


Si tenemos una duda ortográfica en cualquier lengua, el buscador puede ayudarnos a disiparla. Supongamos que no sabemos, o no estamos seguros, cómo se escribe necesito. Le pedimos entonces al Google que busque nesesito y veremos que aparecen casi 10.000 casos; enseguida lo consultamos con necesito y el buscador encuentra 285.000 casos, casi 30 veces más.
O tal vez queramos saber cuál es la forma preferible entre dos grafías académicamente correctas de una palabra, como ocurre con psicólogo y sicólogo. La primera forma aparece 161.000 veces en Google mientras que la misma palabra escrita sin p, igualmente correcta, aparece apenas 6.220 veces.

Traducción

El Google, al igual que el Altavista, nos ofrece además la posibilidad de traducir textos breves en docenas de lenguas, abrir páginas en inglés ya traducidas al español o hacer búsquedas específicas en determinados idiomas o países.

Cálculo

Una novedad de este buscador es que también sabe hacer cuentas, para lo cual basta apenas con entrar los números y signos correspondientes en la barra de texto del buscador. Veamos algunas operaciones posibles:
A esta altura, muchos deben preguntarse por qué, ante este cúmulo de maravillas, sobreviven otros buscadores, si el mundo entero está archivado en Google. Esto ocurre porque el algoritmo con que Google trabaja no permite el uso de comodines ni de operadores lógicos que es permitido, por ejemplo, en Altavista.

En este último mecanismo, es posible buscar por ejemplo *tribuir, que nos permite hallar todas las palabras terminadas en tribuir, pero que Google ignora olímpicamente, así como el uso de operadores lógicos como AND, OR, AND NOT y NEAR, aunque estos últimos pueden ser sustituidos por los signos + y -, como se explica en la página de ayuda del Google.

"Eu não falo portugués" - Daniel Samper - Colombia (heterosemanticos - Falsos amigos))

A diferencia de la mayoría de las personas que entienden idiomas pero no los hablan, a mí me sucede con el portugués, que lo hablo pero no lo entiendo. Es decir, aprendí la música, pero me falta la letra. Yo pensé que español y portugués se parecían tanto que no precisaba tomar clases. Sin embargo, para salir de dudas, resolví preguntárselo a Norma Ramos, una buena amiga portuguesa que ha vivido en el Brasil.
- Norma: dime la verdad: siendo el portugués un dialecto derivado del español: ¿tú crees que necesito tomar clases de portugués? -le pregunté en el mejor portugués de que fui capaz.
- Al fondo a la derecha, me contestó Norma, y siguió comiendo.
Fuè una experiencia terrible. Allí mismo decidí que no sólo iba a tomar clases de portugués, sinò que Norma tendría que ser mi profesora. Ella aceptó con resignación misericordiosa. Y como yo le insistiera que me hablase en portugués todo el tiempo, me dijo que desde el lunes nos sentaríamos a estudiar dentro de su escritorio. Me pareció bastante estrecho el lugar, pero llegué el lunes decidido a todo. Yo creía que el portugués era el idioma más fácil del mundo, pero la primera lección que saqué es que resulta peligrosísimo justamente porque una cree que se trata tan sólo de español deshuesado. Escritório no quiere decir escritorio, sino oficina; en cambio, oficina quiere decir taller y talher significa cubiertos de mesa. No me atrevía a preguntar a Norma cómo se dice escritorio (nuestra tradicional mesa de cajones); pero ella, que es tan inteligente, lo adivinó en mis ojos aterrados. Escritorio se dice escrevaninha observó Norma . ¿Escriba niña?, comenté desconcertado: Así le decimos a las secretarias. Norma sonrió con benevolencia. Le pedí que decretáramos un rato de descanso. Un rato en portugués es un ratón, respondió inflexible. Fíjate lo que me pasa por hablar como un loro, traté de disculparme. Un louro en Brasil es un rubio, dijo ella.
Y rubio seguramente se dirá papagayo, comenté yo tratando de hacer un chiste. Glacial, Norma aclaró:
-Ruivo es pelirrojo, y papagayo es loro. -Perdóname, Norma, pero es que yo hablo como si produjera basura. -Vassoura no, Lixo. Vassoura quiere decir escoba.
-Y escoba, ¿significa?
-Escova significa cepillo. Era suficiente para el primer día. A la siguiente lección regresé dispuesto a cometer la menor cantidad posible de errores. Le rogué a Norma que me regalara un café, a fin de empezar con la cabeza despejada. Me trajo café brasileño, a pesar de lo cual quise ser amable y dije que lo encontraba exquisito.
-No veo por qué te desagrada me contestó ella.
-Al contrario: lo encuentro exquisito insistí yo, sin saber que ya había cometido el primer error del día.
Esquisito quiere decir, en portugués, desagradable, extraño, suspiró Norma.
Confundido, le eché la culpa a la olla.
La panela, corrigió Norma. No lo noté endulzado, comenté yo. La panela en portugués es la olla, dijo Norma.
¿¿Y olla no quiere decir nada?, pregunté yo.
Olha quiere decir mira, contestó ella.
¿Supongo que tendrán alguna palabra para panela?, me atreví a decir (panela es como se llama en Sudamérica al azúcar morena).
Panela se dice rapadura, meu menino, sentenció Norma.
No quise preguntar qué significaba menino. De todos modos, no debía ser gato, como en español, sino chico, o algo así.
Norma estaba allí, en su escritório (¿en su panela?, ¿en su lixo? ) esperándome con infinita paciencia. Siempre en portugués, le pedí perdón y le dije que me tenía tan abrumado el portugués, que ya no me acordaba de mi apellido. De tu sobrenome, dirás, comentó ella: Apelido quiere decir apodo. Intenté sonreír: Trataré de no ser tan torpe. Dijo Norma: No exageres: torpe es infame; inábil sí es torpe. Con este nuevo desliz se me subió la temperatura. Quise tomar un vaso de agua (vaso es florero corrigió ella: copo es vaso y floco es copo) y me justifiqué diciendo que el viaje hasta su escritorio había sido largo, porque venía de una finca. Comprido, no largo; fazenda, no finca, dijo Norma. Largo quiere decir ancho, así como salsa significa perejil y molho significa salsa.
Me di por vencido. Acepté que el portugués era un idioma difícil y entonces sí se le iluminaron los ojos a Norma. La cuestión era de orgullo. De ahí en adelante no me regañò, sino que me mostró todas las diferencias que existen entre palabras heterosemánticas de los dos idiomas. Caro se dice costoso, porque custoso quiere decir difícil; morado se dice roxo, porque rojo se dice vermelho, escenario se dice palco, porque palco se dice camarote, cadeira no es cadera, sino asiento; bilhete no es billete, sino nota, pero, en cambio, nota si quiere decir billete; maluco es loco y caprichosa es limpia, distinto es distinguido y presunto es jamón.
Era demasiado. Pedí permiso para no volver nunca a las clases de portugués, el idioma más difícil del mundo.

terça-feira, 11 de janeiro de 2011

La y griega todavía tiene esperanzas

Los españoles llegaron a América con la i griega (o ye) por delante. El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón desembarcó en la isla de Guanahaní y, según la transcripción que Bartolomé de las Casas realizó del diario del almirante, lo hizo llevando un estandarte en el que figuraban las iniciales de los Reyes Católicos, la F y la Y de Fernando e Ysabel. La Real Academia Española publicó su primera ortografía en 1741, pero se tituló Orthographía porque las reglas vigentes hoy no quedarían fijadas, con sus sucesivos ajustes, hasta 1815. Es decir, Ysabel tardó en convertirse en Isabel y, de paso, en perder el juego entre la inicial de su nombre y su famoso emblema: el yugo.

La semana pasada, siglos después del episodio colombino y fieles a la política panhispánica de los últimos años, 11 representantes de las veintidós Academias de la Lengua Española se reunieron en San Millán de la Cogolla (La Rioja) para cerrar el texto de la nueva edición de la Ortografía. A falta de su ratificación por el pleno de las academias que tendrá lugar el día 28 en Guadalajara (México), la obra sustituirá en diciembre a la edición anterior, de 1999.

Una de las grandes novedades de la nueva Ortografía reside en proponer un solo nombre para cada letra: la i griega pasará a llamarse ye mientras uve sustituye a denominaciones como be baja o be corta. Las academias perseguían favorecer la unidad de una lengua de por sí muy unitaria —con más de un 80% de vocabulario común a ambos lados del Atlántico—, pero el mero anuncio de la propuesta ha levantado una polémica transoceánica que hierve, sobre todo, en Internet. Si en España se llora por la i griega, en América se vierten lágrimas por la be corta.

Humberto López Morales, de la Academia Puertorriqueña, responsable del Diccionario de americanismos y, como secretario general de la Asociación de Academias, miembro sin voto de la comisión de la Ortografía, explica desde su despacho de la RAE el juego de equilibrios que dio lugar a los cambios: «Se debatió mucho ese tema, pero mucho, mucho, mucho», insiste, «y se llegó a un acuerdo: se aceptaba uve —mayoritario en España— a cambio de que se aceptara el ye de algunas zonas americanas». López Morales recuerda que la defensa más ardiente de la ye vino de la Academia Mexicana, cuyo peso demográfico es indudable: es el primer país del mundo por el número de hablantes de español (104 millones de un total de alrededor de 450; más del doble que el segundo: Estados Unidos, con 45 millones).

¿Ortografía a mano alzada? «No sé si esa forma de decidir es la más adecuada», responde, «pero allí sucedió eso». ¿Era necesario jubilar la i griega y la be baja (o corta)? «La verdad es que no es una necesidad, pero sí una conveniencia. Es mucho mejor que todos los hablantes del mundo hispánico utilicen una palabra específica para algo, la que sea. Se trata de buscar una ortografía uniforme en todo el ámbito de la lengua».

Siguiendo el uso «antillano», López Morales siempre ha dicho i griega, pero opina que hay demasiado revuelo para algo «que no tiene tanta importancia», aunque le parece muy positivo que la gente se preocupe por estas cuestiones, que se discuta: «En el mismo seno de la RAE hay discusiones feroces al respecto». Generalmente, dicen, entre lingüistas y escritores.

Para el académico puertorriqueño nacido en Cuba, no hay «ningún peligro» de que la pretensión de unidad termine transformándose en uniformidad: «Cuanto más unido y estandarizado esté el español que hablamos todos, mejor nos entenderemos. ¿Que la variedad es riqueza? Sin duda, pero también podría serlo tener una palabra común para todos y luego variantes».

La Ortografía académica tiene capítulos que legislan y señalan las odiosas faltas y capítulos que sugieren y orientan. Humberto López Morales insiste en que el cambio de nombre de las letras es solo una propuesta: «Si no triunfara, la próxima edición tendría que dar marcha atrás. Pero la peor gestión es la que no se hace. Es casi un deber de las academias hacer estos planteamientos».

¿Se han sentido los hablantes más heridos en sus costumbres que en su sentido común? ¿Nacen las airadas respuestas de algunos de la mera resistencia al cambio? Si la ortografía está llena de fósiles —Orthographía, Christo, obscuro— y supervivientes —septiembre, psiquiatra—, el léxico es puro desafío: un verbo como explosionar chirría en los oídos de aquellos que crecieron con explotar, considerado a su vez un barbarismo durante décadas frente al castellanísimo estallar. «El argumento de que cada cambio que se produce en la historia humana provoca resistencias es cierto, pero eso no significa que esas resistencias no tengan motivo», responde Juan Antonio González Iglesias, poeta y profesor de Latín de la Universidad de Salamanca. «Nos parece normal lo que van escribiendo los vencedores de cada pequeña batalla de la cultura».

Marguerite Crayencour cambió su apellido por el anagrama Yourcenar. Lo hizo, dijo, «por el placer de la y griega». Este año se cumplen treinta de su ingreso en la Academia Francesa. Fue la primera mujer. Para recordarlo, González Iglesias dirigió en su Universidad un congreso sobre la escritora en julio. Para él, es un cambio «tremendo» en lo «pequeñísimo» del asunto. «El hecho de que hubiera una i griega indicaba que había una i latina. Daba la idea de que el origen de nuestro alfabeto, que es fenicio, se había consolidado culturalmente por Grecia y Roma», dice. Pero va más allá: «Nos separamos del resto de las lenguas occidentales de cultura, donde esa letra recibe todavía ese nombre. Ya lo tenía en latín. Es un deterioro cultural».

González Iglesias, que cuenta que hasta los billetes de euro llevan en griego el nombre de la moneda en homenaje a la cultura de la que surgió ese nombre y no al peso de la Grecia actual en la Unión Europea, recuerda también que para los pitagóricos los brazos de la i griega representaban el camino fácil y el difícil: «Me parece que la RAE elige el fácil».

Así las cosas, el profesor salmantino dice con humor que hubiera sido mejor que los españoles dijeran be baja y mantuvieran la i griega. Tampoco le convence el paso de quórum a cuórum: « Quórum es un cultismo, un tecnicismo jurídico y político que si no se escribe bien no sé qué persona inculta la va a usar. El vulgo no necesita quórum porque nunca se reúne con consecuencias jurídicas».

Por su parte, Javier Marías, escritor y miembro de la RAE, quiere, antes de opinar por extenso, ver la nueva Ortografía preparada por sus compañeros —«hay gente muy sabia con sus motivos para hacer cambios que no parecen excesivos ni traumáticos»—, pero adelanta: «Voy a seguir escribiendo como me apetezca». Privilegios de creador. «Algunos se han quejado de que en lugar de espurio escribo espúreo, una fórmula que hace años que no acepta la RAE. Me parece más auténtico. La palabra espurio la encuentro espúrea», dice. Y recuerda que Juan Ramón Jiménez escribía jeneral. «La Academia no impone nada, aunque su autoridad es grande y la gente hace caso a lo que dictamina», continúa. Sea como fuere, él va a seguir escribiendo truhán con tilde: «No creo que se pronuncie igual que Juan, ni que guión se pronuncie como la segunda sílaba de avión». Su propuesta: que se permitan las dos opciones, como se permiten fútbol o futbol. Respecto a Qatar, que será Catar, afirma que hay cosas que forman parte de las extravagancias ortográficas de cada lengua, «como la x de bijoux en francés».

Para Humberto López Morales, que insiste en lo que muchas cosas del nuevo texto tienen de propuesta, lo importante es conseguir la «coherencia» de la ortografía con sus propias reglas: «Quitar el acento de solo es lo más lógico del mundo desde el punto de vista de la gramática española. No hay apenas expresiones donde se presente la ambigüedad. Y ahí está el contexto para resolverla». Las autoridades, es decir, los escritores son parte de las fuentes usadas por los gramáticos. Aunque los hay, como dice Marías, «hipercorrectos», el futuro de la i griega, en parte, está en sus manos.

Texto extraido de la página del Idioma Español

Botella al mar para el dios de las palabras - Gabriel Garcia Marquez

A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: ¡Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: ¿Ya vio lo que es el poder de la palabra? Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor, que tenían un dios especial para las palabras.
Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor.
No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.
La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la república del Ecuador tienen ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo: «Parece un faro». Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazo un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que Don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso?
Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempos no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo veintiuno como Pedro por su casa.
En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?
Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años.




quarta-feira, 5 de janeiro de 2011

Batalla por el idioma español en la Unión Europea

ABC

El gobierno español libró ayer la batalla de la defensa del español en las instituciones comunitarias. Finalmente, y tras años de debates, anoche se acercaron posturas entre los países para crear una nueva patente europea que será traducida a sólo tres idiomas (inglés, alemán y francés), pese a las presiones ejercidas por España e Italia, aunque la decisión final se pospuso a diciembre.

La idea de esta patente, que partió de la Comisión Europea, es que para ahorrar costes a las empresas, que ahora tienen que registrar una patente en cada país europeo en cada uno de sus idiomas respectivos, este trámite se hiciera sólo en los tres idiomas antes mencionados.

La cuestión, que tiene un fundamento economicista sólido, chocó de plano con la sensibilidad de una serie de países, entre ellos España e Italia, que se quejan amargamente desde hace años del retroceso que están sufriendo sus respectivas lenguas en detrimento del enorme avance del inglés, el alemán y el francés, aunque con especial predominio del primero.

El español, discriminado

Los argumentos de España, defendidos ayer en Bruselas por el secretario de Estado para la Unión Europea, Diego López Garrido, es que la última versión de la propuesta para la creación de la patente europea discrimina al español. «La presidencia belga ha hecho un esfuerzo importante que le reconocemos, ha dado pasos y recogido algunas de las cosas que le hemos planteado, pero es insuficiente porque la base de partida es la de un sistema de tres lenguas de procedimiento sobre la patente, y por tanto es discriminatoria». La cuestión de fondo, en realidad, es la vieja batalla de los países europeos en los que no se habla ni inglés, ni francés ni alemán. Estos han perdido posiciones lingüísticas en Europa fruto, entre otras cosas, del enorme coste que supone mantener toda la compleja arquitectura institucional en las 23 lenguas oficiales de la Unión Europea.

Y como ejemplo valgan los 37,8 millones de euros que se gastó el Parlamento Europeo en 2008 en los sueldos de los 264 intérpretes que tenía en plantilla. La Eurocámara cuenta además con 700 traductores de los textos legislativos y 2.500 intérpretes externos a los que recurre en situaciones de elevada demanda. No hay que olvidar que las 23 lenguas oficiales que existen en la Unión Europea dan lugar a 506 combinaciones lingüísticas diferentes, aunque lo más habitual es que se utilice una lengua vehicular para hacer la interpretación, de tal modo que se reducen las combinaciones posibles.En todo caso, esta inmensa estructura tiene un elevado coste que, en tiempos de grave crisis económica como la actual, no ha pasado desapercibido a algunos países. De hecho Reino Unido, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia y Suecia enviaron una carta a la Comisión Europea en la que le pedían que estudiara la posibilidad de lanzar una cooperación reforzada sobre la patente por considerar que «es imperativo no retrasar los avances en una Europa más innovadora».

La Presidencia belga reconoció anoche que la unanimidad no era posible y abrió la puerta a la cooperación reforzada, extremo que se decidirá en el Consejo de diciembre.

terça-feira, 4 de janeiro de 2011

Historia del Idioma Español

El idioma español se extiende hoy por todo el planeta; es la segunda lengua más importante del mundo y la tercera más hablada, con 400 millones de hablantes nativos.
El castellano, tal como hoy lo conocemos es fruto de un proceso de decantación de más de un milenio, a lo largo del cual las diversas lenguas de los habitantes de la Península Ibérica se fueron modificando por influencia de los invasores romanos, godos y árabes. Hacia el final del siglo XV, con la unión de los reinos de Castilla y Aragón, que extendieron su dominio sobre la mayor parte de la península, la lengua de Castilla -el castellano- se fue imponiendo sobre otros idiomas y dialectos y cruzó el Atlántico a lomos de los descubridores, conquistadores y misioneros.

El profesor mexicano Sergio Zamora describe los orígenes y la evolución de nuestro idioma a lo largo de los siglos en artículos publicados en su web Lengua Española.

Presentamos también un artículo del profesor Jorge Echeverri González, ya publicado en Mundo Latino sobre las Glosas Emilianenses, un manuscrito medieval hallado en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, el primer documento que se conoce en lengua española, que data del año 964. Hace pues 1035 años que se escribió el primer texto conocido en nuestro idioma, en realidad, apuntes o glosas sobre un texto religioso en latín.

Ricardo Soca

El español es la segunda lengua del mundo, pero...

Marta del Amo,
El castellano se ha convertido en la segunda lengua materna más hablada del mundo, según reveló el pasado noviembre la revista Ethnology. A pesar del dato, en el ámbito de la ciencia escasea la presencia de este idioma. Sólo el 0,3% de las investigaciones publicadas en revistas científicas está escrito en español, según datos del Índice de Citaciones Científicas (SCI, del inglés). Por ello, el V Congreso de la Lengua no ha querido dejar esta cuestión fuera de su programa.

«La historia de la humanidad tiene por centro la ciencia y la tecnología», afirma el miembro de la Academia de Ingeniería y de la Academia de Letras de Uruguay, y conferenciante del congreso, Juan Grompone. Según este experto, «en los siglos XVI y XVII el español era una lengua creadora en ciencia y tecnología debido a su dominio de los océanos y a la exploración de América». Sin embargo, «a medida que España dejó de ser vanguardia en ciencia, fue disminuyendo su creación de neologismos», añade.

Así, esta argumentación relaciona el bajo número de publicaciones en castellano con un escaso liderazgo de nuestro país en ciencia y tecnología. Sin embargo, entre 2000 y 2005 España se colocó en décima posición en la clasificación de producción científica internacional, según el SCI, con un 3,18% del total mundial.

El problema no proviene tanto de la producción, sino del idioma en el que se comunica. En 2006, el 93,5% de las investigaciones españolas se publicaron en inglés, dejando sólo un 6,5% de los artículos escritos en la lengua materna de los investigadores.

El lobby anglosajón

El peso del inglés en el ámbito científico ha provocado que este sea conocido como «el esperanto de la ciencia», según afirmó recientemente la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel. El motivo de esta hegemonía proviene del propio sistema, puesto que la gran mayoría de las revistas científicas de impacto sólo publica artículos escritos en inglés, lo que obliga a los investigadores a adaptarse a esta norma. La movilidad geográfica es habitual en ciencia, y es frecuente que en los laboratorios convivan investigadores de varias nacionalidades que emplean el inglés como lengua franca. Según la profesora del Departamento de Lingüística Aplicada a la Ciencia y la Tecnología de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y coautora del libro El español, lengua para la ciencia y la tecnología, Verónica Vivanco, «los investigadores tienden a citar más a los autores angloparlantes».

Entre las causas de la devaluación del español en la ciencia se cita al propio ciudadano. «La sociedad es refractaria a la ciencia y la tecnología, es un problema de absoluta indiferencia», señala el ingeniero de la UPM Daniel Martín, coautor del libro antes citado. «Se produce más ciencia en Europa que en EEUU, pero su impacto en la sociedad es mucho menor», dice Vivanco. Los expertos coinciden en la necesidad de estimular los soportes de la ciencia en español para cambiar el panorama, ya que, según Martín, «un país sin ciencia es un país sin influencia».

Extraido da Página del Idioma Español